lunes, 2 de noviembre de 2009

ENVEJECER COMO NIÑOS

Las personas llegamos a mayores con problemas de adaptarnos a los achaques que no nos permiten disfrutar de las cosas que antes acostumbrábamos. La mayor parte de todas esas cosas ya se han ido.

Quizás es absurdo ser feliz en base a algo que está destinado a perderse, que no estará con nosotros siempre. La verdad es que buscamos todo fuera de nosotros, quizás la felicidad está dentro de nosotros. Buscamos conseguir cosas cuando en nuestro interior está todo.

Nos sentimos vacíos por que no tenemos esas cosas, y buscamos y buscamos, impacientes, a veces optimistas otras pesimistas, cuando la realidad es que ya lo tenemos todo.

En nuestro interior residen todas las confusiones la del Bien y el Mal, la de la Verdad y la Mentira, la del Amor y el Odio, la de la Felicidad y la Infelicidad. Nos dedicamos toda la vida a conseguir cosas, a buscar personas con las que compartir afinidades, cuando la verdad es que todo lo que buscamos está dentro de nosotros, y sin entender esto, sin entendernos a nosotros mismos, no podemos ser verdaderamente felices y hacer felices a los demás.

Es el mismo mecanismo el que nos permite apreciar que nos a tocado la lotería, el disfrutarlo, que el que permite a un niño disfrutar de un juguete, que el que nos hacer disfrutar de ver a un bello perrito o a un delfín.

Lo que cambia son nuestros deseos. Nos vemos influidos por la sociedad, por el entorno, los amigos y aceptamos sus valores. Creemos que estos nos darán la felicidad. Emprendemos la búsqueda de todas esas cosas, vamos de un lado para otro, pero nuestra felicidad no llega. Incluso comenzamos a perder aquellas que nos hacían disfrutar y entonces sentimos que todo se acaba, que nada tiene sentido.

Que triste es esta idea. No es más que el reflejo de un error. El creer que en el exterior está la felicidad. Más ella está en nuestro interior, como un niño que espera que llegue su padre para enseñarle algo que ha aprendido, solo tenemos que volvernos hacia nosotros mismos y para encontrarla.

Pero resulta que tenemos nietos sobrinos y el rato que estamos con ellos, aun que nos rompen cosas nos ponen la cabeza loca, nos dedicamos a ellos intentamos enseñarles aquellos que creemos que les hará falta y entonces nos sentimos, simplemente... felices. Y esto ¿porque?

La verdad es que cuando nos olvidamos de ese pobre "nosotros" intentamos hacer felices a los demás, descubrimos la riqueza del "todos", es entonces cuando los problemas parecen desvanecerse, nuestro vacío se va y descubrimos la felicidad.

En el Todos o Todo, no hay problemas, todo está bien, entendemos nuestros temores, nos liberamos de ellos, percivimos la realidad liberadora, y sentimos una continua felicidad. En el todos somos niños otra vez. Sin límites queremos a todos y somos queridos por todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario