miércoles, 28 de octubre de 2009

LA FELICIDAD Y EL MATERIALISMO

Soy Feliz porque quiero serlo. No importan las expectativas. No importa vivir como la gente diga. No importa el tener sino el ser. No importa lo que he perdido, soy feliz porque lo merezco. Siempre he hecho lo mejor para los demás, por eso lo mejor aunque intenten lo contrario, tengo en mi corazón.
Las buenas acciones nos colman de felicidad. El querer a los demás es un preciado don, que nos recuerda que somos, quien somos.
Tanto dolor en nuestra sociedad, tanta desilusión, en los rostros de la gente, tanta espectativa social que no se cumple, nos hacen a todos sufrir.
Debemos indagar en esto, si es que de verdad queremos dejar de sufrir. Tras la libertad de la opresión de la religión, tras olvidar la esclavitud de ese Dios al que se creia el poseedor de cualquier valor interior como la bondad, la sabiduria, al amor, la voluntad, el verbo, la onmipresencia, etc. nos olvidamos también de estos valores, así la economia se ha vuelto un animal despiadado y asesino al capitalizarse, y con ella la sociedad y las personas que la componen.
Ciertos grupos anarquistas, se han desprendido del egoismo, viven comunitariamente. Son personas que lo comparten todo. Se ayudan y viven en verdadera ecuanimidad y fraternidad. La libertad es algo por lo que se lucha pero es que esta sociedad, no deja muchas libertades.
Lo importante es ver como viven unidos, hermanados. Son compañeros para lo bueno y lo malo. Nadie es más que nadie y todo el mundo cuenta. Esta unión les hace vivir en felicidad. Una felicidad que sacia sus corazones.
El compartir con los demás, el ayudarles, el transgredir nuestro egoismo, nos hace ser algo más que fulanico o menganico, formamos parte de un todo. Pero si seguimos viviendo dependiendo, no ya de lo material como propiedad privada, sino como expectativas, nos hacer seguir dependiendo de ello para ser felices.
Me dicen mis compañeros, que el ser feliz hace que no se luche por las cosas. A primera vista eso parece, pero sin embargo, una vez que lo experimentamos, descubrimos que dejamos de ser manipulables por las circunstancias.
Somos felices, por lo que no sufrimos por conseguir esto u lo otro para serlo, podemos esperar, con ello nos liberamos de nuestra violencia, pero no por ello, cambia nuestra elección, es decir, si queremos conseguir un mundo verdaderamente mejor, si somos ya felices, no arrancaremos iracundamente contra las personas que nos lo impidan, sino que en la tranquilidad de la paz interior, surgirá esa idea, veremos claro que es lo que debemos hacer. Seremos como el agua, que por mucho que quieran retener siempre pasa.
Al fin y al cabo el ser felices, nos devuelve las riendas de nuestra vida.

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